martes, 8 de agosto de 2017

CRÓNICA DE UNOS DÍAS DE LLUVIA Y FLORES

Abrió el verano
y en una caja de cerillas
se resguardó una golondrina.

Traían los barcos a Puerto Chico
idiomas dormidos,
gargantas abiertas,
ojos que mendigaban bahías y tormentas.

Hay una gaviota vigilando
la mañana desde tu ventana,
imitando las voces de los turistas,
velando el insomnio de los poetas.

Esta luz alberga a los habitantes de las mareas,
encierra soles menguantes,
claudica en los ojos de los viandantes
del Paseo Pereda.

Mientras tanto tú creyendo en el escalofrío,
desplegando el vértigo
de sus ojos a los tuyos,
inventando calles de baldosas amarillas,
dando de comer al sueño
que dibuja tu padre para ti
desde una buhardilla de agua y viento.



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