domingo, 26 de julio de 2015

motores de combustión

rebautizaste diciembre en mis habitaciones

claudicaste en mis maneras

encerraste bajo la llave del latido un invierno

rugieron los centinelas de la suerte

desde el epicentro de una ciudad imantada


enredaste todas las dudas en mi pelo

deshiciste los contornos de un incendio

inventaste un lenguaje monocromático

y deambulas entre sus líneas

buscando silencios que se conviertan en tacto



lunes, 13 de julio de 2015

Lanzarote, tierra de fuego y viento

Hay aviones que parten cargados de intenciones, de futuros imperfectos, de ansias de reencuentros o de ganas de escapar. Mi avión partía cargado de ganas, de esas que se gestan durante todo un año de esfuerzo, de apagar despertadores y encender el flexo. Ganas de desconectar, de resetear el sistema de la inercia rutinaria.

No sé donde leí que la vida es lo que sucede en verano, si es así, yo he ido a vivir donde nadie apaga el interruptor del viento.

Alberti describía Lanzarote como una tierra de fuego y viento, y no hay mejores palabras para definirlo. Es una tierra salvaje, roja y negra. Es una tierra extrema. Si hay algo que enamora más que su luz, es lo que Cesar Manrique supo hacer con ella en Los Jameos del Agua. Me quedo con cada uno de sus estratos, sus colores y sus aguas.

Malditas puestas de sol las tuyas, Lanzarote.