domingo, 22 de febrero de 2015

A veces me parece un puto milagro eso de llegar a ciertas edades cuerdo o loco, según si lo miras con tus cristales o con los míos. Hay días en los que como acto revolucionario me quedo con un pedacito de sol y me ocupo de temas importantes, como buscar cosquillas en pieles ajenas. Y simpatizo con aquellos teóricos del encanto y de la risa, de los miedos y los lobos. Y sorteo encrucijadas banales para quedarme abstraida en el mismo punto de fuga de siempre: que si el vértigo, que si los labios, que si las miradas. Improviso mariposas, improviso viajes al norte, improviso baños de besos. Improviso bailes de plata y monedas de canto. En un metro cuadrado de sol con vistas a un impreciso minimalista.

lunes, 16 de febrero de 2015

nubes que no dejan llover


dentro, más y más dentro, hasta diluirse en ese sitio donde se diluyan las cosas que un día cualquiera pasaron desapercibidas y años más tarde alguien las nombra, o se recuerdan porque aquel color, o aquel olor o aquel sonido.

un microsegundo de retentiva y el subconsciente lo vuelve a tragar como un cuerpo que decide deliberadamente engullir otro cuerpo más pequeño que flota a su libre albedrío.  a la gente no le queda sitio para guardar cosas, las han subido a la nube.



(texto bien-hallado y rescatado de no hace tanto, o quizá sí)

domingo, 15 de febrero de 2015

sobrevolando el epicentro

quiero hacerme un nido con estas ramas,con insensatez, en el árbol más alto del patio.

quiero hacerme un nido donde cobijar soledades, estigmas y todas las felicidades que quepan en los metros cuadrados de una guarida sin vistas al mar.

quiero hacerme un nido lleno de intuiciones

quiero un nido repleto de vísperas y resacas y presentes superlativos

quiero cambiar tiempo por ramas para este nido, tiempo al tiempo.

quiero que el viento sea la saliva para cimentar el nido

quiero ver la lluvia resbalar por las paredes y contemplar los naufragios a lo lejos,
que estas alas aprendieron a nadar.

domingo, 8 de febrero de 2015

pensaba que eran las tres

la lluvia

se desnuda

en la intimidad

de la noche

mientras las farolas

arrojan monedas            

de oro

sobre el asfalto

mojado