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lunes, 12 de diciembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
se puede volver
Se puede volver de vez en cuando a otros veranos, por un rato.
O a veces quizá no tanto tiempo. Se puede volver y estirar la memoria
entre palabras de algún amigo. Un olor me ha llevado hoy al del 93.
Más tarde Celia me ha contado su infancia, a veces creo que yo también estuve allí.
jueves, 28 de julio de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
a contrapelo discurre la noche por tu espalda
a contrapelo discurre la noche por tu espalda
las maneras que inventamos para agrandarnos el pecho
y hacerlo guarida de todas esas frases bien sonantes
pronunciadas con una cerveza en la mano, en una habitación con luz roja, plumas
y un sonido metálico de fondo que amortigua el grito de la muchedumbre.
a contrapelo todas las recetas de satisfacción personal.
descreérselo.
recoger tus puntos flacos, travestirlos de genio y soltarlos a bocajarro,
hasta vomitar girasoles que vivan a la sombra de la luz que proyectas.
la sangre de tus venas tiene el mismo ácido que corrompe el oleo en nuestras paletas.
las maneras que inventamos para agrandarnos el pecho
y hacerlo guarida de todas esas frases bien sonantes
pronunciadas con una cerveza en la mano, en una habitación con luz roja, plumas
y un sonido metálico de fondo que amortigua el grito de la muchedumbre.
a contrapelo todas las recetas de satisfacción personal.
descreérselo.
recoger tus puntos flacos, travestirlos de genio y soltarlos a bocajarro,
hasta vomitar girasoles que vivan a la sombra de la luz que proyectas.
la sangre de tus venas tiene el mismo ácido que corrompe el oleo en nuestras paletas.
Etiquetas:
el suelo se convierte en poesía,
momentos para recordar,
retales
jueves, 14 de abril de 2011
Piano. Cinco letras. P I A N O. Escalas perfectas, con su Do y su Sol, sus bemoles. Sus teclas marfil y azabache. Piano. Las décimas de segundo que se emplean en pronunciar la palabra es el tiempo que tardé en enamorarme de Daniel, en el justo momento en el que me dijo- toco el piano-. Podría haber dicho la flauta travesera, el arpa, el archilaúd, la trompeta, el saxofón… Podría haber dicho – Hola, me llamo Daniel y toco el tambor en la banda de música de mi pueblo- le habría sonreído, habría arqueado las cejas en un amago de interés fingido y hasta allí habría alcanzado la anécdota musical. Pero no. Me dijo- Hola, me llamo Daniel y toco el piano, ¿conoces el Plaza? El año pasado improvisé allí algunas piezas de jazz-. Entonces en mi mente conexionaron la neurona -¿has oído lo que ha dicho?- con – ponte a temblar y que no lo note el pianista-. Es difícil temblar sin ser visto, pero más complicado es para mí estar frente a una persona que toca el piano y no empezar a pensar en momentos íntimos llevados a cabo en un salón donde únicamente hay un instrumento que suena solo, por cortesía de mi mente y mi apetito sexual. No es un fetiche, qué va. Es como el olor o una buena voz, sólo que elevado a su máxima potencia.
domingo, 27 de marzo de 2011
Baires en piel blanca.
Después de dos años y medio me cuentas que piensas en francés, que no le dices te quiero, que muere por conocer tu Buenos Aires y tú por hacer rutina su piel blanca. Después de dos años y medio sigues vistiendo la misma cazadora y manteniendo ese acento porteño que Europa no te ha conseguido arrebatar. Tampoco se te ha congelado la sangre, tu individualismo duerme en tu cama cuando la echas de menos. Me hablas como entonces, pero ahora con más arrugas en la voz. Me dices –al final del día es lo que importa- pero la mayoría de las veces lo único que consigo escuchar es la música de los créditos.
Dos besos y un abrazo, que el tiempo nos vuelva a cruzar, a ser posible, antes de que pasen dos años y medio.
jueves, 24 de marzo de 2011
Con todo lo que llueve ya podíamos dar por perdidos los imperios de antes de ayer. El grafito dibuja solo en tu cintura espasmos y mercromina. Afilas los dedos como se afila la noche antes de quebrarse, por joven e insensata. Por inconsciente e indomable, dirías tú. Escribes en braille un te quiero en mi espalda, a la altura de mi vértigo. El cenicero derrama treguas, se confunde el humo con un recuerdo prosaico.
sábado, 12 de marzo de 2011
viernes, 29 de octubre de 2010

"Las cosas obedecen al soplo vital. Se nace para gozar.Y gozar ya es nacer. En cuanto a mí nada sé. Lo que tengo me entra por la piel y me hace actuar sensualmente. No quiero sacrificar mi día de hoy por el de mañana. Estoy un poco asustada. No sé adónde me llevará esta alegría suelta como un caballo. Quisiera sacarle una foto a este instante. Hoy es jueves y este jueves está hecho del más puro aire, y la más pura felicidad. Cada minuto que pasa es un milagro que no se repite."
(Clarice Lispector)
A mediados de julio encontré a una mujer nórdica en la sala de una exposición de fotos copiando en una libreta este texto de Clarice Lispector, lo supe por su aspecto y porque en mi mente hablaba un noruego inconfundible. Al entrar en la sala la tarima crujió, cruzamos la mirada y una sonrisa complice. El texto ocupaba practicamente una pared entera, envidié en ese momento demasiadas cosas que soy incapaz de enumerar con un orden lógico o minimamente comprensible. Quise sacarle una foto a ese instante. Y haber copiado en una libreta el texto. No llevaba encima boligrafo, papel demasiado.Entonces saqué el móvil, apunté el nombre de la autora y una palabra: milagro.
La fotografía es de Adriana Lestido.
http://www.adrianalestido.com.ar/
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estornudos,
momentos para recordar
viernes, 16 de julio de 2010
Mis pertenencias reposaban sobre la barra del bar caóticas, con una armonía perfecta. El cristal de las gafas, el metal, el cuero, las revistas y demás folletos informativos que había recopilado durante la tarde. El tabaco, el vidrio vacío de coca-cola y la tapa a medio terminar. Lo hubiese fotografiado, pero eso suponía romper la composición pues la camara ocupaba su lugar entre el cenicero y el montón de servilletas serigrafiadas.
domingo, 25 de abril de 2010
martes, 9 de marzo de 2010

De un tiempo a esta parte me he hecho aficionada de una voz ronca. De un tiempo a esta parte buceo en vinilos y en cajas de cartón, el cielo de mi buhardilla ha perdido un par de estrellas y se han inmolado corcheas a este lado de la pared. Hay marcos de fotos con huellas dactilares de mañana y sonrisas de collages. De un tiempo a esta parte hay una colección de sombreros con cabezas de mentes perversas y sueños en los surcos de un tranvía metropolitano. Un niño deja caer un bote de pintura y el líquido azul confluye con tus cinco dedos, dibujas un pentagrama cojo.Dejas rebotar tu agudeza contra un cristal y el sol te calienta los huesos.
lunes, 31 de agosto de 2009

Una azotea corroída por abrazos que mienten a hurtadillas, una cuerda de tender donde se dejaron olvidadas unas bragas. Las tres y cuarto y no hay nadie sentado a la mesa. Las servilletas de papel se cansan del descanso y corren por el suelo jugando a ver quien puede más. Salta por encima del descaro el servilletero de madera, y el vaso de cristal desdentado refleja el sol anestesiante, dibujando rayos desperfectos en la pared blanca. Un tenedor cae al suelo y se queda tomando el sol, tira de un fleco del mantel de cuadros. Siempre buscándole las cosquillas, mientras espera tener entre sus hilos piernas y rodillas extrañas que le cuenten algún secreto.
viernes, 8 de mayo de 2009
Cuando mi abuelo murió dejó un cuadro sin terminar. Una mesa que soportaba una tablilla de madera, tinta, plumillas y utensilios de su nueva afición: el pirograbado.
Creo que era un bodegón. Un rincón de los que le gustaba inmortalizar y acercar a la gente que nunca se había parado a observar la belleza de las cosas muertas.
Siempre retrato calles, callejones de pueblos del norte, paisajes, alguna cara familiar(yo creo que por compromiso)... En los últimos años en cambio, eligió sitios más pequeños, iba cerrando su circulo, poco a poco, como si intuyera que la llama estaba apunto de consumirse.
Era un señorito gallego, de los de costumbres cotidianas, de esos que te abren la puerta y te ceden el paso, de esos que te dan el brazo para que camines junto a ellos cuando vas por la calle. De chaqueta no solo los domingos.
Cuando murió no lloré. Es como si alguien me hubiera tapado los oidos. La reacción se me perdió, pero parecía que el resto del mundo lo asumía con normalidad. Fueron cientos de bocas las que me dijeron "lo siento" mientras yo me preguntaba : ¿tú sabes por qué doblaba papeles diminutos una y otra vez? ¿ alguna vez le viste estornudar después de cada comida?.
Fue una tarde, pasados ya unos meses cuando las lagrimas se me escaparon y supe que jamás le vería con su calma y perseverancia quemar delicadamente una tablilla en su estudio.
Ahora el olor a madera quemada me resulta demasiado familiar.
Conoció a mi abuela desde un balcón de una calle del barrio de Chamberí. Y remaba en el retiro antes de la guerra civil. Tenía un humor sarcástico, una pose admirable y una elegancia hereditaria.
Dejó un boleto premiado de la loteria en el bolsillo interior de una chaqueta.Y se fue.
Hasta los más ateos rezaron en su funeral.
Ahora mi abuela, señorita andaluza, de esas que se quitan años y salen de punta en blanco hasta a por el pan, quiere terminar lo que él empezó. Quiere que ese bodegón de naturaleza muerta tenga todas las sombras con las que él soñó y nunca pudo terminar de pintar.
Creo que era un bodegón. Un rincón de los que le gustaba inmortalizar y acercar a la gente que nunca se había parado a observar la belleza de las cosas muertas.
Siempre retrato calles, callejones de pueblos del norte, paisajes, alguna cara familiar(yo creo que por compromiso)... En los últimos años en cambio, eligió sitios más pequeños, iba cerrando su circulo, poco a poco, como si intuyera que la llama estaba apunto de consumirse.
Era un señorito gallego, de los de costumbres cotidianas, de esos que te abren la puerta y te ceden el paso, de esos que te dan el brazo para que camines junto a ellos cuando vas por la calle. De chaqueta no solo los domingos.
Cuando murió no lloré. Es como si alguien me hubiera tapado los oidos. La reacción se me perdió, pero parecía que el resto del mundo lo asumía con normalidad. Fueron cientos de bocas las que me dijeron "lo siento" mientras yo me preguntaba : ¿tú sabes por qué doblaba papeles diminutos una y otra vez? ¿ alguna vez le viste estornudar después de cada comida?.
Fue una tarde, pasados ya unos meses cuando las lagrimas se me escaparon y supe que jamás le vería con su calma y perseverancia quemar delicadamente una tablilla en su estudio.
Ahora el olor a madera quemada me resulta demasiado familiar.
Conoció a mi abuela desde un balcón de una calle del barrio de Chamberí. Y remaba en el retiro antes de la guerra civil. Tenía un humor sarcástico, una pose admirable y una elegancia hereditaria.
Dejó un boleto premiado de la loteria en el bolsillo interior de una chaqueta.Y se fue.
Hasta los más ateos rezaron en su funeral.
Ahora mi abuela, señorita andaluza, de esas que se quitan años y salen de punta en blanco hasta a por el pan, quiere terminar lo que él empezó. Quiere que ese bodegón de naturaleza muerta tenga todas las sombras con las que él soñó y nunca pudo terminar de pintar.
domingo, 19 de abril de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
Ayer leí una revista donde vendían recetas mágicas para la felicidad.Pedían opinión para conseguirla a gente del mundillo (ese,en general). Algunos se atrevían a enumerar los pasos para llegar a ella, como quien escala un muro o pretende construir una catedral.
"De ridiculos instantes" pensé yo...De uno y otro, y otro.
Y de las pequeñas cosas.
Hoy he desayunado un café al sol.He encendido un cigarro y he escuchado el silencio de un día laboral en la más completa ociosidad.
"De ridiculos instantes" pensé yo...De uno y otro, y otro.
Y de las pequeñas cosas.
Hoy he desayunado un café al sol.He encendido un cigarro y he escuchado el silencio de un día laboral en la más completa ociosidad.
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